miércoles, 1 de marzo de 2017

Vacío

Vacío


20 de diciembre de 1981.​


Al Jefe de la unidad regional de policía de Comodoro Rivadavia:

Me dirijo a usted a fin de solicitar toda la ayuda posible para encontrar a un familiar muy querido que desapareció en condiciones confusas. A estas alturas, la desesperación ya ha llenado toda mi mente y no puedo más que realizar un último intento para llegar a verlo con vida.

Me llamo Valeria Ramírez y tengo 18 años.

Mi hermano pequeño llamado Marcos siempre fue un chico obediente, solidario y muy inteligente. Uno de los mejores de su clase. Nunca actuó con maldad. Su inocente alma no tardó mucho en ser corrompida por la oscuridad que se cernió sobre todo nuestro país ese 24 de marzo. Sus buenas intenciones y sentimientos fueron tachados como debilidad, y sus dudas en cuanto a los terribles cambios ha provocado que sospechas de rebeldía hayan caído sobre él.

Nunca en mi vida lo he visto tan apesadumbrado, con miedo de ir a la escuela, de decir lo que pensaba, de leer libros que fueron siendo prohibidos.

Ya desde entonces, lo protegía de todo aquello que lo acechara. Le inculqué ciertos hábitos para que nadie atentara contra su vida. Pero el día en que desapareció, me equivoqué.

Fue el 20 de noviembre. Hace ya un mes. Tan sólo unos días antes, Marcos había cumplido 8 años. Como una tarde cualquiera, confiando ciegamente en el destino, mi hermano salió a jugar a la pelota con sus amigos. A las 15:00, lo despedí mientras seguía avanzando con mis tareas. Pasaron unas cuantas horas hasta que, de repente, mi otro hermano Lucas y yo escuchamos unos gritos, jadeos y pasos apresurados. Salimos de nuestra casa y vimos cómo se acercaban los compañeros de juego con los que él se iba a juntar con caras preocupadas. Y no lo vi entre ellos.

Nos contaron que alrededor de las 17:00, patearon la pelota demasiado lejos y Marcos se ofreció para ir a buscarla. Esperaron unos 10 minutos sin preocuparse y hablando entre ellos. Luego, salieron en su dirección para ver qué había pasado. No encontraron a mi hermano, pero sí a la pelota. Tenía una pequeña mancha de sangre. Si hubiera estado más atenta, lo hubiera cuidado en todo momento.


Desde entonces, mi hermano mayor y yo lo estamos buscando incansablemente. Ya nos han tirado un montón de excusas: Que se perdió, que seguro se encontró con un familiar y se fue, que lo habían encontrado en otra ciudad sano y a salvo hospedándose con una familia desconocida... Nos cansamos. Sé que son una sarta de mentiras y falsedades. Sea lo que sea que haya pasado, sé bien en quiénes desconfiar.

Sé en mi corazón que Marcos está en peligro. Y también sé, como si estuviera escrito a fuego en mi piel, que lo que sea que le hayan hecho, no quedará impune. Exijo que me lo devuelvan con vida.

Luego de esta carta, dudo que pueda sobrevivir, pero si en algún rincón del mundo, seguís vivo, querido hermano, voy a rezar por vos hasta el final.


Firma: Valeria Ramírez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Heart Chat Bubble