Tristeza
Espero que alguien acabe conmigo
así dejo de respirar este aire tan frío.
No soporto más las cuchillas de la realidad.
Oh ven a mí, yo pasado, córtame sin parar.
No espero nada de nadie más.
No sirvo más que para figurar.
En cada cosa, en cada lugar,
mi presencia no puede estar.
Mi cuello tiene fecha de vencimiento.
Mi amor ya se terminó.
Las cosas se tornan oscuras.
Oh, quiero desaparecer ya, por favor.
Las escrituras nunca acaban.
Tinta permanente en mi piel.
Mi corazón ya está repleto.
No voy a terminar bien.
Las marcas me manejan.
Me dicen lo que tengo que hacer.
Miro al cielo y ya no tengo nada.
Mi mente ya se fue.
Y mis gritos no son escuchados.
Estoy dentro de un pozo enrejado.
Nadie me ve, nadie me mira.
Sola estoy, conmigo misma.
El monstruo quiere volver.
Su cena ya está lista.
Está ansiosa por comer
la esperanza servida.
Soy la más sucia del mundo,
la que guarda pensamientos horribles,
que salen sin miramientos
en mis versos insostenibles.
Los recuerdos van y vuelven.
El dolor está siempre.
Viviendo muerta en el aula,
no era más que un fantasma.
Ya ni tengo manos.
Mis dedos están cansados de expresar,
la misma pestilencia recurrente
que no puedo dejar de pensar.
La energía se acabó.
Mi sangre se drenó.
Me hago un ovillo
en lo más profundo de mi corazón.
Oh, ya termino, querido amor.
Las náuseas que me provocas ya están acá.
Estoy lista para lanzar
toda la mierda que me hiciste pasar.
Al final, la pequeña siempre va a terminar llorando
en el mismo rincón,
con la usual tristeza de recibir amor
sin corazón.
Sin los límites que se debería imponer.
Al parecer, su corazón es demasiado grande
como para no abarcar a un don nadie.
Oh, mi amor, ya es demasiado tarde.
Querido yo pasado,
mi canto ya terminó.
Seguiré llorando
por la misma razón...
Sólo pido que alguien me mate,
termine con toda la mierda
que no puedo parar de vomitar,
que no puedo dejar de pensar,
que me corta las venas sin tocarlas,
que me hacen sangrar sin parar,
que me arruinan trozo a trozo.
Así sin más.
Estoy desapareciendo.
El mundo me está comiendo,
destrozando todos mis recuerdos.
Sigue desgarrando todo a tu paso,
como se te viene en gana.
Te dejo la puerta abierta.
Entra a mi cielo infernal.
La alfombra está preparada.
Mira mi dolor, mis lágrimas,
mis gritos, mis lamentos.
Todo por lo que pasé.
Todo lo que me hizo ver.
Todo lo que me hizo aprender.
Sigue revolviendo entre mis órganos,
a ver si puedes encontrar un corazón.
Algo que palpite ya
luego de tanta resignación.
Escucha mis sollozos,
aquellos lamentos silenciosos.
Arrinconada en mi soledad
luego de soportar
el cariño fraternal.
Nadie recuerda ya
el sufrimiento por el que pasé.
No hay testigos.
Sólo mi vaga palabra,
que no vale nada.
Esa vez que me golpearon.
Esa vez que me intentaron asfixiar.
Esa vez que me gritaron
sin una razón en particular.
Mi mamá sólo me intentaba apartar,
mi hermano se descargaba conmigo
y mi papá me utilizaba para lastimar.
Ay, queridas enfermedades mentales
que tan cerca estuvieron de mí.
Los dolores no se van,
no se quieren alejar.
Cuántas veces quieres observar
la tortura que en mi cuerpo permaneció.
Oh, por favor, ya se terminó.
No sigas buscando heridas.
No sirve hurgar más.
Ya están podridas.
Y te vas, deseándome buenas noches.
La puerta se cierra y no se abre nunca más.
Su marejada se lo ha llevado todo.
Perdí mi alma, perdí mi hogar.
Sólo no quiero llorar más.
El mensaje me quedó lo bastante claro.
Mataré mis esperanzas una vez más.
Mis ganas de luchar se han marchitado...
Ya es el siguiente día.
Todo se calmó.
Ahora estoy un poco mejor.
No espero algo peor.
Creo que esta habilidad ya paró.
Se tomó un gran descanso,
luego de reventar las heridas,
no hay más arrebatos.
Ahora sigo escribiendo,
pero ya sin veneno.
Se apagó el fuego
y se terminó el amor.
No tengo mucho más adentro.
No sé cómo ser
una persona normal
camuflada entre la sociedad.
Supongo que me mantendré escondida,
guardando todas las mentiras,
con las que me han manchado,
con las que me lastiman todavía.
Las cosas no se olvidan.
El tiempo es traicionero,
y mis letras son cómplices
de todo el charco mierdero.
Es como si me hubiesen activado una tecla,
la que encendía el poder
de liberar toda mi mierda,
de la más dulce manera.
Me muevo sin parar.
Parece que es inevitable.
Yo sólo no quiero pensar,
no quiero vivir en esta realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario